viernes, 27 de junio de 2008

Despedidas

Domingo 22 junio. Pereje-Triacastela
Día triste. De despedidas. Esta mañana se han ido los cinco caballeros; esta tarde, Lorena y Almudena. Habían llegado el viernes por la noche y ha sido una delicia tenerlas aqui.
No tengo palabras que puedan describir a estos chicos (y eso en una gran periodista como yo es malo, muy malo). Cada uno con sus peculiaridades, pero todos ellos excepcionales. Toni, el macho alfa, con sus necesidades primarias y sus carcajadas espontáneas; Pep, nuestro gran Gandalf, con esa serenidad que irradia, su mirada limpia y sus palabras de aliento; Ximo, un pedazo de pan pero en tamaño hogaza, y sus abrazos de oso; la mirada sucia y las segundas lecturas de Carlos, el gran corazon que esconde, siempre dispuesto a ayudarte; y Santi, un pequeño hobbit siempre sonriente. Agradecida y emocionada, no quiero añadir nada más; las palabras no serían suficientes. Pero alguien me debe una cerveza desde Astorga...
Lo que hicieron ayer por mí fue increíble; como seguía renqueando de la rodilla, se repartieron todos mis trastos entre sus mochilas y dejaron la mía practicamente vacia. Y así subieron O Cebreiro. Es una de las cosas más bonitas que nadie ha hecho por mí; no se me va a olvidar nunca, chicos. Sabéis lo importante que fue para mí.
O Cebreiro es un pueblo precioso. Directo al puesto número 1 del recien estrenado ranking de pueblos romanticos. Por muchas razones. La de ayer, una tarde genial. Después de la ducha (con agua fria, congelada) y la comida (con esos platos top diseño) salimos a dar una mini vuelta: cafecito, la iglesia, una casa tipica gallega que estuvo habitada hasta los años 60, las compritas de rigor... Lo mejor, sentarnos un momento al borde del valle, con unas vistas increíbles, en un murete junto a la carretera.
Tuvimos nuestro momento ciudad de angeles para ver el atardecer, bebida radioactiva incluida. Y por la noche, después de echarnos las runas (ojalá sea cierto, Ali) hicimos escapada adolescente para salir del albergue a ver las estrellas por la ventana de la cocina. Y allí nos fuimos, de vuelta al murete a ver un cielo estrellado increible. Con almohada incluida. Ahí se hubiera parado el tiempo. Cuánto me hubiera gustado que esa noche no terminara nunca.
Tras alargar todo lo posible el desayuno, la despedida; triste, pero con la alegría indescriptible de h aber conocido a personas tan especiales. Y la certeza absoluta de que nos veremos pronto, muy pronto.
Lorena y Aludena se han marchado después de comer en Triacastela. Lore me ha hecho de muletilla toda la bajada (una cuesta interminable) y Almu ha vuelto a robarme parte de mis pertenencias. Estas chicas valen su peso en oro. Peregrinas de verdad.
En el albergue también están Bea y Juan. No sé si había hablado de ellos hasta ahora. Son una pareja encantadora y divertidísima; Bea una jabata que no anda, vuela con sus bastones y su Ipod, y el pobre Juanito metros atrás, intentando seguirla el paso. Siempre bromeando con las miradas de Juan a otras chicas; a la elfa, una chica danesa absolutamente preciosa, habia jurado despeñarla O Cebreiro abajo si se la encontraba. Afortunadamente hemos podido evitarlo.
La etapa de hoy ha sido unas risas. Nada mas salir de O Cebreiro en una aldea ha salido una señora con un plato de filloas que nos han sabido a gloria. Y hemos tenido que sortear vacas; iban andando por el mismo camino y mientras pasaba entre culo y culo sólo podía pensar en dos cosas: que no se movieran y muriera aplastada, y que no se pusieran a mear y me ducharan. Con el alma en un puño he pasado.
Lo importante no es llegar a Santiago sino el camino. Había escuchado esa frase cientos de veces y sólo ahora la entiendo. Ojalá no terminara nunca; ojalá pudiera repetir estos días en los que he revisado miedos e ilusiones, he mirado y me han mirado a los ojos al hablar, estos días de abrazos, de besos al despertar y sonrisas cómplices al llegar al albergue, de risaas, bromas, juegos y confidencias; estos días en los que he sido Itziar, Iratxe, Arichi y Guirlache.

miércoles, 25 de junio de 2008

En buena compañía

Miércoles 18-viernes 20 junio. Astorga-Pereje
Casi tres días sin escribir. No he tenido tiempo, ni he querido tenerlo. Han sido tres días geniales: buen tiempo, pueblos preciosos, paisajes increíbles y, sobre todo, la mejor compañía.
El miércoles salimos a dar una vueltilla por Astorga con los chicos valencianos. Compraron comid tipo embutidos y nos invitaron a cenar con ellos; qué jartá de reirnos, por favor. Cenamos en la terraza del albergue, precioso, todo el campo y la noche, con luna incluida, desde el mirador. Entre cervezas y risas nos dieron más de medianoche.
Y así han sido estos tres últimos días. Son un cielo de chavales; muy, muy divertidos y extremadamente amables. Yo que me he quedado rezagada un par de veces nunca me he quedado sola andando. Lo de un par de veces es un eufemismo; hoy me molestaba muchísimo la rodilla, volvía a caminar a dos por hora y me han acompañado un rato Santi y otro Ximo. Santi la primera parte, hasta la paradita de rigor para el almuerzo (la cecina ha entrado en el top ten de mis comidas favoritas); hemos ido hablando de nuestras familias, de nuestras vidas, de lo que esperamos de ella, lo que nos gusta, lo que nos pone de los nervios, de la inmigración, la educación de los niños y hasta hemos imitado a Lina Morgan, gracias a mi gorrito con la visera vuelta. Y los últimos kilómetros me ha acompañado Ximo, que nos hemos pillado una solana de flipar andando a paso de burra, que cansa un montón. Y él ahí, conmigo pasito a pasito para que no me quedara sola. El pobre, todo lo grande que es, sudando y prácticamente fundiéndose bajo el sol, venga a subir y bajar lomitas entre viñedos. Creo que si llego a tener que hacerlo sola me siento en el suelo en medio del pedregal y ahí me quedo. Gracias Xim; sabes que terminé gracias a ti.
Mientras, Pep, Santi y Carlos se han salido. En el albergue donde íbamos a dormir había cocina, pero en el pueblo, Pereje, no había tienda. Así que han tirado más rápido, han hecho compras en el pueblo anterior (Villafranca del Bierzo, cinco kilómetros antes) y cargados con arroz, caldo, costilla, pollo, aceite, cervezas y no sé cuántas cosas más han llegado al albergue y han preparado la comida para cuando llegáramos.
Casi no tengo palabras para describirlos. Te habland, te cuentan, te preguntan, te hacen reir, se preocupan por ti, te acompañan, te animan, te abrazan... Carlos (que tiene una herida en la frente y se atreve a ponerse en mis manos para las curas) hace unos masajes increíbles y se ha pasado las dos últimas tardes reestructurando espaldas, piernas, cabezas... Y todo después de la paliza de andar todo el día.
Mañana es ya la última etapa que hacen y me da muchísima pena que se vayan. El camino a partir de ahora ya no volverá a ser igual. Y hoy ha llegado, por sorpresa, Alex, un chico de Erandio con el que han hecho el camino otros años pero que éste no podía venir por curro. Y ha aparecido para darles sin decirles nada.
Se me amontonan en la cabeza todo lo que hemos hecho estos días, las cosas de las que hemos hablado, lo que me han hecho sentir entre todos los que ahora andamos juntos, duendecita incluida. Las comidas compartidas, las tardes de charla tumbados en el jardín, las cervecitas después de cenar, los paseos por el castillo, los abrazos al despertar, las horas caminando en silencio o hablando, sola o junto a alguien más, pero siempre acompañada. Parece mentira lo mucho que puedes llegar a compartir con otras personas en apenas cinco días, el cariño que te une a ellas.
El jueves subimos hasta casi la cruz de Ferro, a un pueblo que se llama Foncebadon (todos conmigo, f-o-n-c-e-b-a-d-o-n), casi abandonado. Después de cenar salimos Santi, Ximo y yo a ver la luna. Hacía un frío de morirse y ahí estuvimos los tres, sentados en una viga en medio de un prado a 1.400 metros, sin nada alrededor, sólo campos, montes y vacas, mirando la luna que iba elevándose en el horizonte, cervecita en mano. Tanto frío, tanto frío, que los dos, que parecen estufas andantes con el calor que despiden, se sentaron uno a cada lado para que entrara en calor. Hasta que casi mueren ellos congelados, aprendices de chicarrones del norte, en chancletas y manga corta...
No soy capaz de escribir nada más. Las palabras se me quedan cortas. Y ya he perdido demasiado tiempo sin estar con ellos. Y eso, ahora, es lo que más me importa.
PD: Tengo una navaja nueva. Gracias Pep.

jueves, 19 de junio de 2008

Malas noticias

Martes, 17 junio. San Martin del Camino-Astorga, 24 kms
¡¿Cómo no me acordé ayer de nombrar a Agapito?! Salíamos nosotros desesperados de León, agobiados por tantas calles y coches, chispeando aún (por supuesto con la capa puesta) cuando nos encontramos una cesta llena de frutos secos, galletas y patatas fritas, y la indicación de una fuente a 200 metros; un regalo al peregrino de Agapito. Y allí estaba Agapito, unos metros más allá, trabajando en su huerta. Nos saludó, habló un rato con nosotros y, cómo no, nos deseó buen camino. Un encanto de hombre.
La etapa de hoy ha sido muy chula. El paisaje ha cambiado totalmente y todo es mucho más verde. Hemos atravesado unas mesetillas con árboles bajitos, muy parecidas a la dehesa extremeña que he visto en fotos. Y aunque era un camino pedregoso algo incómodo para caminar y ha habido algunos repechos y cuestas abajo (que casi son peores que las cuestas arriba, por lo que sufren las rodillas), ha sido una etapa muy agradable. Encima, ha salido un día buenísimo, con sol, fresquito (muy fresquito) por la mañana y demasiado calor ya cuando hemos llegado a Astorga. Queríamos huir de la carretera. En un cruce hemos visto que se podía ir por la carretera o campo a través. Y aunque el camino era más largo, no nos lo hemos pensado. Bueno, realmente no habíamos visto el cartel, pero nos lo ha dicho un canadiense muy majo que estaba parado en el cruce preguntando a todos los peregrinos si habíamos perdido un bastón azul que había encontrado.
Hemos comido con unos chicos de Valencia, Santi, Pepe, Toni, Chimo y Carlos; bueno, de Valencia los primeros, de A Coruña el último. Muy simpáticos, cada año hace una semana del camino. Los cuatro valencianos se conocían de antes, al gallego le conocieron aquí. Les vimos ya ayer en el bar en el que paramos a desayunar pero anocheron durmieron en otro pueblo. Nos han inviado a capuccinos que tenían y nosotros hemos sacado unos croisants de chocolate. Nos hemos reído un montón.
El albergue en el que estamos es una maravilla, siervas de María. Por el mismo precio (cuatro euros) puedes elegir habitaciones de 2, 4 ó 6 camas. Es muy grande y está todo nuevo muy limpio; con cocina, un comedoir, otra terraza donde hemos comido con vistas al campo y un jardincito muy agradable en la parte de atrás. Ahí he estado un ratillo tumbada al sol leyendo, la mar de a gusto, mientras el resto echaba la siesta. Qué diferencia con el de ayer, hasta el tiempo acompaña hoy. Y el hospitalero también es muy majo.
Mauro ha llegado un poco más tarde que nosotros, con malas noticias. Santiago ha tenido que irse al hospital con un cólico renal. Se ha levantado con dolores, ha intentado seguir andando pero al de 7 kilómetros han tenido que llamar a una ambulancia y llevarle al hospital de León. Qué triste. Ánimo, Santiago!

lunes, 16 de junio de 2008

Albergue Ana, ¡nunca mais!

Lunes, 16 de junio. León-San Martín del Camino, 25,2 kms
Por favor, a todos los peregrinos, peregrinables, asociaciones de amigos del camino, guías de viaje... ¡Eliminad el albergue Ana de vuestros listados! O, mejor aún, advertid a la gente de que nunca, nunca venga aquí.
Para empezar, los tres euros que aparecían como precio del dormitorio en los carteles que habíamos visto se han convertido en cuatro al llegar. "Es que el cartel es de hace tiempo ya...", nos dice la señora. Ya, inaugurándolo el verano pasado. Pero es lo de menos, un euro arriba o abajo, y cuatro tampoco es un precio excesivo. Pero el caso es que hemos tenido que pagar para usar la cocina, echando monedas en una especie de contador para encender los fuegos, con la excusa de que alguien una vez le quemó la cocina. Aquí es cuando Santiago, el hombre catalán, ha dicho basta, ha pedido el dinero y se ha ido al municipal. Las duchas, dos para catorce camas, no las puedes utilizar a la vez: si abres una la otra se queda sin agua caliente. Y como Tammy y yo nos hemos duchado las últimas (habíamos ido a hacer la compra) pues nos ha tocado agua fría. Estoy coooooooooooooooooongelada. En la entrada tiene un cartel que pone "Municipal licencia"; vale, tiene licencia municipal para el albergue (sólo faltaba que fuera ilegal) pero es que te intenta engañar para que creas que es el municipal.
Y lo peor de todo, para rematar: la señora estaba dejando morir a tres gatitos en la chimenea. Tal cual. Estábamos comiendo (al final siete personas, Tammy, Pedro y yo, el chico francés, uno alemán y dos japoneses, que han venido sólo para hacer el Camino, wow, ha sido muy divertido preparar la comida entre todos y comer juntos, nos hemos echado unas risas) y hemos empezado a oir maullidos. Venían de la chimenea, pero al principio hemos pensado que sería algún gato que andaba por el tejado o así. Pero cuando hemos ido a mirar, ahí que había tres crías, de apenas dos días, en la chimenea. Le hemos ido a avisar a la señora y nos ha dicho que la gata no los quería, y que a ver qué iba a hacer ella. Jacquie, el chico francés (espero que se escriba así su nombre) ha empezado a decir que para eso era mejor matarles. Así que al final Pedro y él han terminado matando a dos de los gatitos. El tercero estaba muerto. Qué triste. Me he enfadado muchísimo y sólo tengo ganas de que lleguen las 6.30 de mañana y salir de aquí.
Qué bien se anda cuando se anda bien. A diferencia de los últimos días, que prácticamente me arrastraba bajo la mochila (menos mal que mis zapatillas creo que ya han aprendido a andar solas y me llevan), hoy he podido andar muy cómoda y a un ritmo bastante aceptable. He estado releyendo algunos de los posts y doy una imagen pésima, pero nada más lejos de la realidad. La tendinitis, las ampollas, molestan, es verdad, pero al final te acostumbras a ese dolor (no quisiera que esto sonara masoquista), se te olvida y sigues. De verdad, no es un camino doliente. Al menos por ahora. Y hoy estaba especialmente contenta, porque apenas sentía molestias. Aunque claro, pasa lo de siempre aquí: en cuanto se te olvida un dolor, aparece otro. Hoy han sido las rodillas. En fin, el cuento de nunca acabar.
Y cómo sopla ya el Bierzo. Hoy ya lo hemos notado por el camino, menos mal que de lado porque es bastante común que te toque de frente. Es curioso; como vas caminando hacia el oeste, por la mañana siempre tienes el sol de espaldas y luego, dependiendo de hacia dónde gira el camino, a la derecha o a la izquierda. Más frecuentemente a la derecha. Por la tarde, después de la siesta (sí, hoy ha tocado siesta, es la segunda que me echo en toda la semana) hemos salido un ratito al jardincito que hay con mesitas y aunque el sol pegaba fuerte, el viento era helador. A la sombra te quedabas congelada.
Etapa de nueva etapa, creo. Hay bastante gente de nuestro grupo de habituales que se han quedado en León; algunos un día más para descansar o ver la ciudad, otros porque terminaban ahí su camino por este año... Y se han unido caras nuevas que lo iniciaban ahí o a las que nos hemos unido en esa ciudad, otro punto neurálgico del camino. Por ahora, de los que seguimos estamos Santiago, Mauro (italiano, creo que no había hablado de él hasta ahora), la mujer holandesa, las sonrientes austriacas, la simpática francesita, la japonesa y el alemán (concentradísimo esta noche viendo el partido)... Al menos son los que he visto hoy por el camino. Y atrás han quedado Greta, Susana, el trío nórdico, los simpáticos finlandeses (que terminaban en León)... Buen camino a todos, chicos!!!

Por el Barrio Húmedo

Domingo, 15 junio. Mansilla de las Mulas-León, 17,7 kms
¿Lo mejor del día de hoy? Las cervezas con tapitas includas que nos hemos tomado por el Barrio Húmedo: patatas ali-oli, picadillo, chorizo, oreja, cojonudos (huevos de codorniz para iletrados como yo)... Ah, y la ración de morcilla que hemos pedido. Impresionante. No es de arroz, la desmigan y la sirven como en puré, buenísima. Antes habíamos visitado la ciudad: la catedral (qué maravilla de edificio, preciosísimas las vidrieras, nos hemos quedado con la boca abierta nada más entrar), las murallas, otra basílica que estaba cerrada por obras y no hemos podido visitar... Después de sólo una semana de andar prácticamente solos en medio de la nada, el cruzarte con gente por la calle, esquivarla, los coches... ha sido pelín abrumador. Y eso que era sólo León. Me ha gustado mucho la ciudad, prometo volver a pasar un fin de semana. Hasta he elegido ya con quién...
El albergue también es bastante chulo. Está en un convento de monjas benedictas, Carvajalas. Con salas muy grandes llenas de literas, los baños muy limpios y nuevos, y una especie de patio interior donde hemos estado sentadas un rato al sol después de llegar Greta y yo. Ha sido el momento enfermería del día. Que consiste en: ponerme hielo en el empeine, luego un masaje de Voltarén (Greta también se ha puesto hoy un poco detrás de la rodilla; les dueles en el mismo sitio a las tres, Susana, Tammy y ella, yo de ese me he librado), quitar las gasas de las ampollas, limpiar con Betadine y sacarles el agüilla, y volver a poner las gasas. Siento el grafismo. Es el ritual diario después de la ducha, hacer la colada y tender la ropa.
De la etapa de hoy no he querido acordarme hasta ahora. Deliberadamente. Menudo infierno... Nada más salir del albergue nos ha caído una tromba de agua que me ha empapado las zapatillas. Por arriba bien, con la tapa no me he mojado, pero por abajo... Cuando he llegado a León los calcetines estaban para escurrir. La tendinitis me ha molestado de verdad, las ampollas bailaban en el pocito de agua que había dentro de las zapatillas, llevaba una especie de tirón en la ingle izquierda, me costaba un horror subir o bajar cualquier cuestita o acera... Menos mal que los últimos kilómetros, después del cafecito a media mañana, he caminado con Tammy y se ha hecho más ameno.
Pero que nadie vaya a pensar que soy la única. Muchos estamos tocados. Para que os hagáis una idea, una chica ayer en el albergue tenía seis ampollas en el mismo pie y el finlandés del trío nórdico, que llevaba ya unos días con la rodilla jodida, me ha dicho que iba a ir al médico para inyectarse corticoides y bajar la inflamación. Y por la tarde la mitad de nosotros parecemos robocops paseando por la ciudad... Es para vernos.
Y la entrada a León es un horror. No ya sólo porque hay que atravesar un polígono industrial feísimo (¿¡hay alguno bonito?!) sino porque además tienes que cruzar a pelo la autovía (dos carriles por sentido, glups) y luego andar como 500 metros por la cuneta. Gráficamente: dos carriles de coches pasando a toda pastilla, mini-arcén (pero mini, mini), quitamiedos y nosotras, en la cuneta de esas en forma de V. Cada vez que pasaba un coche pensa "este es el que se sale de la carretera y nos lleva por delante"... Y desde que empiezas a entrar en León, que dices "ya estoy, por fin", hasta que llegas al albergue se te hace eterno. Menos mal que sólo han sido 18 kilómetros...
Pero bueno, las cervecitas y la charleta de la tarde han compensado todo con creces. Ha sido un poco triste, porque era una mini-despedida por el momento. Greta y Susana se quedan un día más en León para conocer la ciudad y descansar. De todas formas, creemos que llegaremos más o menos el mismo día a Santiago, así que nos veremos allí de nuevo y podremos celebrar que hemos llegado.

Tipi-tapa

Sábado, 14 junio. Bercianos del Real Camino- Mansilla de las Mulas, 25,3 kms
¡Menuda etapita la de hoy! He debido de venir a dos kilómetros por hora; hasta la viejecita italiana de los bastones me ha adelantado. Incluso me ha parecido ver a dos lombrices haciéndome una pasada por la derecha raudas y veloces...
La tendinitis no me ha molestado mucho gracias a San Reflex de todos los Santos (voy a hacerle una foto al tubo y lo voy a llevar de escapulario) pero en compensación tengo dos ampollas: la del dedo meñique y otra debajo del dedo gordo que amenazaba con ser del tamaño de una ciruela. El lote completo, vamos, para cortarme el pie a la altura de la pantorrilla.
Hasta El Burgo Ranero ni tan mal; a la cola del pelotón, por supuesto, poco a poco pero seguidito. He entrado a tomar un café (no había nada más en los siguientes 12 kilómetros) y me he encontrado Amaia, una de las chicas de Orio. Toda apenada, iba a coger el autobús a León porque de la tendinitis ya no podía ni andar. Sus dos amigas sí que habían seguido andando, así que mañana igual nos vemos allí. También estaban Enrique y Mª Luisa, y el señor suizo (que hacía un montón que no veíamos; bueno, no tanto, pero aquí pasan dos días y parece que han sido semanas).
Cafecito y otra vez a la carretera. Tipi-tapa, a mi ritmo. He andado jugando a los relevos con Enrique y Mª Luisa: ellos me adelantaban, paraban a descansar y les adelantaba yo; me volvían a pasar, paraban a comer algo, volvía a pasarles; así unas cuantas veces.
Esos 12 kilómetros se me han hecho eternos. A cada curva, a cada repecho, pensaba "por favor, que Reliegos esté ahí, por favor, que Reliegos esté ahí". Y Reliegos seguía sin aparecer. Encima he estado a punto de morir atropellada por un grupo de ciclistas suicidas. Iba yo por mi caminito (al lado de la carretera) pasito a pasito, y de repente han tocado el timbre unas bicis. Me giro y veo a dos viniendo por la carretera. Perfecto, saludito, buen camino. Pero cuando he girado la cabeza de nuevo, me han pasado casi rozando otros cinco bicicleteros que sí venían por la pista, sin avisar ni nada, a toda velocidad. Que también podían haber frenado un poco, a punto he estado de tirarme de cabeza a la cuneta. Y todavía les he tenido que oir "pero si iba haciendo eses la tía". Se dice tambalearse, gilipollas!!!!! Y esquivar las piedras para que no se te claven en las ampollas. Ahí se les pinchen las ruedas.
Un lagarto ha cruzado el camino delante mío. Vale, igual era una lagartija tamaño XXL, pero con el bote que he pegado cuando ha salido he debido pensar que era el hombre de las nieves, por lo menos. Un sinvivir de kilómetros, vaya.
Y Reliegos que seguía sin aparecer. Hasta que al final de una cuneta, plaf!! Ahí estaba. Otro pueblo sorpresa.
Apunte técnico. Vamos a ir clasificando los pueblos:
- Pueblo sorpresa. Como ya he dicho, son pueblos a los que no ves ni la torre del campanario, parecen que no están, que piensas "tengo que estar ya", pero das una curva o llegas al final de una recta y, ¡sorpresa!
- Pueblos fantasma. Aquellos que cuadriplican la población cuando se llenan las 40 plazas del albergue. Léase Calzadilla de las Cuevas (80 habitantes) o Terradillos de los Templarios (que contando los dos perros que hemos visto por la calle igual llegan a los 65).
- Pueblos pelmazo. Pueblos a los que cuesta horrores entrar, porque tienen kilómetros de polígonos industriales, que parece que ya estás pero no. Y encima son horribles para andar. Dícese de Burgos y, según comentan, León (a confirmar mañana).
- Pueblos trampa. Los que ves ahí, cerquita, pero no acabas nunca de llegar a ellos.
En Reliegos me he encontrado con dos chicos de Oñati, Aritz y Ander, y también con Enrique y Mª Luisa, que han llegado un poquito más tarde que yo. Con un poco de queso que han comprado y pan que tenía Aritz nos hemos hechos un hamaiketako que no te menees. Eso, dos plátanos que tenía yo y muchísima agua (menudo reseco que llevaba) me he puesto otra vez en marcha, para ir cogiendo ventaja.
Mansilla se veía a lo lejos al de nada de salir. He ido la mayoría del tiempo sola. Y me ha dado por pensar en toda la gente que conozco que ha hecho el camino antes que yo: Edu, Paco Rubén, el hermano de Javi, Clara y Juan, Vanesa y Leire (bueno, vosotras todavía no, pero todo llegará)... Pensar que estaba pisando el mismo camino que pisaron ellos y quizá hasta hallamos dormido en la misma cama. Pensar en qué podían sentir en ese momento, de qué podían estar hablando, en qué pensaban... Ha sido una emoción extraña.
Cuando faltaba ya poco para llegar me ha alcanzado un hombre gallego. Ha tenido comentarios para todos los gustos: para echarme a llorar (una vez tuvo que abandonar por una ampolla, un perro le atacó en Galicia otro año y desde entonces sólo coge un bastón cuando se adentra en tierras gallegas) y para echarme a reir de alegría (que la etapa de O'Cebreiro no es para tanto, a él se le hacían más duras las largas y bochornosas rectas de Castilla). En este momento tengo dos miedos: la subida a O Cebreiro (terrible, según dicen, nueve kilómetros cuesta arriba; para hacerse una idea, de Trapaga a la Arboleda debe haber como 3-4, glups) y los perros agresivos de Galicia. Creo que sería incapaz de atizar a uno, aunque venga como un loco hacia mí babeando de la rabia... Pero tenía que ir al "baño" y él ha seguido.
A punto de morir atropellada. Again. Por segunda vez en el día. Esta vez, por un rebaño de ovejas. Un cruce, yo, y un rebaño de ovejas, dos perros y el pastor que vienen de frente. ¿Por dónde irán, a la derecha o a la izquierda? Los perros que se meten a la derecha. Vale, pues Aitzi para la izquierda. Y de repente el pastor, a voz en grito "¡¡¡¡Cuidado, hombre, que te atropello!!!!!" El rebaño que gira hacia la izquierda y yo corriendo, bastón, mochila y todo, vuelta atrás hacia el cruce. Y ahí pasan, pastor, perros y ovejas, el pastor riéndose para toda una semana...
Por fin en el albergue. Muy chulo, con un patio interior con mesitas al solete. Y el hospitalero es un cielo. Le he ido a pedir un poco de hielo para la pierna y me ha dicho que me sentara. Me ha preguntado dónde me dolía y me ha pinzado en el hombro durante unos cinco minutos. Me he relajado muchísimo, como cuando sientes hormigueo por todo el cuerpo, y casi me quedo dormida. ¡Y se me ha quitado el dolor! Increíble, en serio. He estado a punto de raptarle para llevármelo en la mochila de masajista personal... Y la chica me ha tenido que pinchar también la otra ampolla. Un encanto de sitio, vamos, de los que los hospitaleros dan sentido. Mil gracias desde aquí.
Por la tarde hemos salido a dar una vuelta por el pueblo; vueltita, que era pequeño y lo hemos recorrido enseguida. Y hemos cenado en el patio del albergue (Pedro, Enrique, un chico que venía haciendo el camino desde Madrid, Susana y yo), muy divertido, hemos terminado contando chistes y todo. Nos han dado casi las once sin darnos cuenta.

sábado, 14 de junio de 2008

¡Esto es camino!

Viernes, 13 junio. Terradillos de los Templarios-Bercianos del Real Camino, 23 kms
Un albergue absolutamente increíble. Gracias Amor, gracias Diego (los hospitaleros) por la acogida, la cena, vuestra hospitalidad, el hielo... ¡y el bol de palomitas en la entrada! En esta casa parroquial se comparte la cena; la hemos preparado entre todo, hemos puesto la mesa y después de presentarnos (nombre y procedencia), hemos cenado todos juntos. Ensalada, garbanzos con patatas, melón y café (y un surtido Cuétara para acompañar), que me han sabido a gloria entre tanta gente de un montón de sitios: Finlandia, Suecia, Dinamarca, Francia, Alemania, Austria, Eslovenia, Italia, EE.UU., Brasil, Japón... Uno de los del trío nórdico se ha levantado y, en nombre de todos, ha dado gracias a los hospitaleros, ha dicho que había visto referencias del albergue en su guía pero que lo que había encontrado había superado con creces lo que había leído; les ha agradecido el juntarnos a todos para compartir la cena. Y me he puesto a llorar como una tonta... Luego todos a recoger y a fregar y a ver la puesta de sol. Mañana tendremos el desayuno en el comedor. De lejos, el mejor albergue del camino. Esto sí que es su espíritu.
Otro momento mastercard de los simpáticos finlandeses: han entrado todos en fila india al comedor, con un monitor por delante y otro al final, y se han encargado de recoger y limpiar las mesas (¿¿??).
El edificio en sí ya es una pasada. Un caserón del siglo XIV, con paredes de adobe y vigas de madera, con rejas en las ventanas. Tumbada en la cama ves cómo entran los pájaros por el balcón y se meten entre las vigas del techo. Era de unos condes, o duques, o príncipes, y lo construyeron cuando ni siquiera había pueblo.
Y el caso es que nos hemos parado aquí por obligación. Queríamos llegar hasta El Burgo Ranero (30 kilómetros) y de ahí tirar ya hasta León (35). Pero mi pierna ha dicho basta. En buena hora!!Se ha mascado la tragedia. Lejos de desaparecer, la pierna me dolía tanto esta mañana que casi no podía andar; he pensado que me tenía que volver. Pero gracias al Reflex de Pedro, al de dos kilómetros ya podía caminar casi con normalidad y sin apenas dolor. Pero cuando estábamos llegando a Bercianos (5 kilómetros antes de El Burgo) ya casi no podía andar. He llegado cojeando al pueblo. Así que parada técnica obligatoria.
Me he pasado la tarde poniéndome hielo cada hora y masajitos de Voltarén. Espero que mañana esté mejor.
Y el señor de Castellón me ha tenido que pinchar la ampolla del dedo. Cuando la ha visto ha puesto el grito en el cielo; que a dónde iba así, que si sigue rozando se me quita la piel y la armo, bla bla bla... Total, que imperdible en mano (yo no me he atrevido), la ha pinchado, sacado todo el agua, curado con Betadine y me ha puesto una tirita la mar de de chula. Ahora sólo tengo que seguir curándomela. Secuelas...
Escribo en la cama, alumbrándome con una linterna. Todo el mundo duerme ya, han apagado la luz. Yo voy a ello, que ya es tarde. Contaría mil cosas más, pero se me cierran los ojos de sueño. Me siento feliz, muy feliz, satisfecha, emocionada.