Jueves, 26 junio. Melide-Santa Irene
¡Que viva el pulpo y el Ribeiro! Menuda pulpada nos pegamos ayer en Melide. Siguiendo las recomendaciones de Alex (eskerrik asko guapo!!!) y un veterano bicigrino (zuri ere!!!) allá que nos fuimos Bea, Juan, Tammy, Alicia, Gretta y yo a casa Ezequiel. El menú: ensalada, pulpo, tarta de queso casera de postre y Ribeiro, mucho Ribeiro. Dos jarras; habíamos sacado una, se terminó y pedimos media más. Al final nos sacaron una entera y aún nos hubiéramos bebido tres. Afrutado, fresquito... mmmmh. Buenísimo. Y el pulpo también. Pero lo mejor fue lo bien que nos lo pasamos. Estábamos todos excitadísimos, hablando y riéndonos sin parar, acelerados. Brindamos por los mejores peregrinos del camino, por nosotros y por el bodorrio en Santiago, pedrusco mediante. Chicos, cómo os lo hubiérais pasado... Os echamos de menos muchísimo, hubiérais disfrutado un montón.
Y lo bien que me sentó el Ribeiro; volví al albergue que ni por una pasarela. A ver si el truco va a estar en darle un buen lingotazo mañanero antes de salir...
Esta mañana hemos desayunado como reyes en el albergu; ayer habíamos comprado napolitanas en el súper y con unos cafés para llevar del bar de enfrente nos han sabido buenísimas.
Y he empezado a andar como una persona casi normal. Ya no parezco House, ni Lina Morgan. Exceptuando las cuestas abajo, claro. ¡Me tendrías que ver andar! Como una señorita.
La etapa de hoy se ha hecho larga y eso que hemos parado un montón. O igual precisamente por eso. A tomar un café al de unos kilómetros, en Arzua un bocadillo de queso, un poco más adelante uno de tortilla... Al principio del día se andaba muy bien, casi hacía hasta un poco de frío. Pero luego ha empezado a salir el sol y hemos pasado bastante calor. Y han sido más de 30 kilómetros, así que hemos llegado al albergue casi a las cinco y media. Y reventados, claro. Creo que es el día que más KO estoy: cansada, con mucho sueño y me arden las plantas de los pies. ¿Psicosomático?
Por cierto, tengo pendientes nuevos: una vieira y un cupido (y no, no ha vuelto a aparecer el francés). Gracias bruji!!! Tammy también tiene los suyos: una sandalia (nunca se las quita cuando llegamos al albergue) y un símbolo celta. Y Alicia, cómo no, una brujita con escoba y todo. Qué grande es para lo pequeñita que parece.
Ha sido una suerte volver a tener a Bea y a Juan con nosotros. Se ríen ellos, de ellos, de ti y te hacen reirte con ellos. Bea sigue llamándonos lagartas a todas las que osamos mirar a su chico; Juan, con sus "mirada de un niño" y su "buenos días familia, hoy vamos a construir un sencillo hórreo" ha conseguido hacer que me estuviera riendo durante diez minutos seguidos. Bea estaba un poco flojita al final, pero ha sido plantarse el ipod de Tammy y volver a sonar los tambores de Moria; nos ha adelantado como una flecha y ha llegado la primera al albergue. Con la caña que llevan encima, no me extraña; en dos días se han hecho la friolera de 70 kilómetros.
Al final hemos podido quedarnos en Santa Irene. Como el albergue no es muy grande (creo que no llega a 40 camas) pensábamos que íbamos a tener que andar hasta Pedrouzo (tres kilómetros más) pero ha habido suerte. Me imagino que el sitio, justo al lado de la carretera y sin nada alrededor (nada es nada, absolutamente nada), tampoco lo hace muy atractivo. Así que para cenar hemos tenido que volver un kilómetro camino atrás (atrás, sí, atrás) a un restaurante. Y otra vez cena con Ribeiro. Pulpo ya no hemos repetido, pero nos hemos vuelto a quedar sin empanada. Es el segundo sitio del día que se ha acabado ya; a ver si también va a haber que madrugar para comer empanada.
La cena ha sido super divertida. Andábamos cantando canciones brasileñas tipo Xuxa, un grupo que no entiendo por qué extraña razón conocen Alicia y Bea, Samba de Janeiro... En plan tonto. Y de repente escuchamos una voz con acento brasileño desde la mesa de atrás. "Disculpen, pero les estaba escuchando y no puedo seguir comiendo. Esa música no es representativa de mi país; para conocerla tienen que escuchar a los grandes compositores". La señora estaba a punto de explotar; le temblaba hasta el labio y creo que nos hubiese clavado el cuchillo que tenía en la mano de haber podido. Mudos nos hemos quedado; ni Tammy le ha querido decir que era brasileña. Eso sí, Bea le ha saltado un "pues Macarena tampoco es representativo de España y ahí está" y se ha quedado más ancha que larga. Con dos cojones, sí señor. Fin de la conversación y vuelta a la cena.
Y de vuelta al albergue... CORAÇAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAO!!!! El grito de guerra de Bea. Estaba convencida de que una de las canciones del ipod de Tammy tenía una canción con ese estribillo y no ha parado hasta encontrar la palabrita en una de ellas. Así que hemos bajado las cuatro (Juan se había quedado viendo el partido) gritando como locas y bailando samba. Porque somos así.
Con todo, mañana nos toca un día tranquilo. Quince kilómetros, hasta Monte de Gozo. Queremos exprimir lo poco que queda de camino al máximo. Desayunito en Pedrouzo y para mediodía allí. O más tarde. Como el albergue es grande (enorme, la verdad) no vamos a tener problemas de plazas. Por fin.
Esto ya parece el mundo al revés. Los papeles se han invertido: mis rodillas casi no me duelen, Bea está casi muerta y Tammy ha preguntado cuándo íbamos a cenar (y nosotras que pensábamos que comía en el baño porque nadie nunca le ha visto ingerir comida). ¡Estar tan cerca de Santiago nos ha vuelto locos!
lunes, 7 de julio de 2008
Juntos otra vez
Miércoles, 25 junio. Ligonde-Melide
¡Menuda sorpresa nos han dado Bea y Juan hoy! Tammy, Alicia y yo nos habíamos adelantado unos kilómetros los dos últimos días para llegar a Santiago el viernes y quedar con Carlos, y ellos se lo habían tomado con algo más de calma porque podían estar allí el sábado. Pues acaban de llegar hace un rato después de patearse cuarenta kilómetros y llegar todos juntos a Santiago. ¡Cuánto valen estos chicos!
Qué gozada de albergue el de ayer. Para cuando nos hemos levantado a las 6.30 nos habían dejado preparado el desayuno, pero ha empezado a reunirse gente alrededor de la mesa y al final nos hemos quedado hablando casi una hora con los voluntarios, otros peregrinos... La verdad es que así da gusto.
Alicia y yo hemos tenido mañana karaoke. Hemos cantado de todo, desde Victor Manuel (BSO del camino, la llevo cantando desde que empecé, sólo las tres estrofas de las que nos acordamos) a Mecano, pasando por Cecilia, Luz Casal... A Tammy le ha encantado "Un ramito de violetas", así que se la cantamos a dúo. Y me encanta que Ali me cante "Besaré el suelo". Que el amor es un misterio... Casi consigues hacerme llorar, pequeña bruji.
Tarde de bajón. Escribo sentada en el murito del albergue, con Alicia, que intenta uniformizar su moreno, y Gretta. Tammy se ha quedado arriba escuchando música. También está tristona. Había pensado que al menos un día me iba a plantear qué coño hacía andando 25 kilómetros, levantándome a las 6.30 de la mañana cuando podía estar en la playa tumbada tomando el sol sin hacer nada, que para algo son mis vacaciones. Pues la tristeza viene por todo lo contrario. Por la sensación de que esto se termina, de que Santiago está cada ve más cerca y de que allí todo habrá acabado. Se me hace extraño pensar en la vida "normal", volver a encajarme en la rutina diaria. Sé que no debería ponerme triste, que debería alegrarme por todo lo que he disfrutado estos días, por las personas tan extraordinarias que he ganado, por todo lo que he vivido... Y me alegro, de verdad. Nunca podré expresar lo feliz, lo afortunada que me siento al haberlos conocido y haber podido compartir con ellos (con vosotros) tantas cosas. Pero a veces (los que me conocen bien lo saben) no puedo evitar que me atrape la melancolía. Y así es como me siento hoy. Casi sin palabras. Y me recreo reviviendo una y otra vez los últimos días. Sé que no me dejan disfrutar del presente, pero ahora mismo lo prefiero así. Espero que el pulpo y el ribeiro de esta noche curen todas las penas. Salud.
PD: En marcha la primera concentración de peregrinos fuera del Camino. Qué ganitas...
¡Menuda sorpresa nos han dado Bea y Juan hoy! Tammy, Alicia y yo nos habíamos adelantado unos kilómetros los dos últimos días para llegar a Santiago el viernes y quedar con Carlos, y ellos se lo habían tomado con algo más de calma porque podían estar allí el sábado. Pues acaban de llegar hace un rato después de patearse cuarenta kilómetros y llegar todos juntos a Santiago. ¡Cuánto valen estos chicos!
Qué gozada de albergue el de ayer. Para cuando nos hemos levantado a las 6.30 nos habían dejado preparado el desayuno, pero ha empezado a reunirse gente alrededor de la mesa y al final nos hemos quedado hablando casi una hora con los voluntarios, otros peregrinos... La verdad es que así da gusto.
Alicia y yo hemos tenido mañana karaoke. Hemos cantado de todo, desde Victor Manuel (BSO del camino, la llevo cantando desde que empecé, sólo las tres estrofas de las que nos acordamos) a Mecano, pasando por Cecilia, Luz Casal... A Tammy le ha encantado "Un ramito de violetas", así que se la cantamos a dúo. Y me encanta que Ali me cante "Besaré el suelo". Que el amor es un misterio... Casi consigues hacerme llorar, pequeña bruji.
Tarde de bajón. Escribo sentada en el murito del albergue, con Alicia, que intenta uniformizar su moreno, y Gretta. Tammy se ha quedado arriba escuchando música. También está tristona. Había pensado que al menos un día me iba a plantear qué coño hacía andando 25 kilómetros, levantándome a las 6.30 de la mañana cuando podía estar en la playa tumbada tomando el sol sin hacer nada, que para algo son mis vacaciones. Pues la tristeza viene por todo lo contrario. Por la sensación de que esto se termina, de que Santiago está cada ve más cerca y de que allí todo habrá acabado. Se me hace extraño pensar en la vida "normal", volver a encajarme en la rutina diaria. Sé que no debería ponerme triste, que debería alegrarme por todo lo que he disfrutado estos días, por las personas tan extraordinarias que he ganado, por todo lo que he vivido... Y me alegro, de verdad. Nunca podré expresar lo feliz, lo afortunada que me siento al haberlos conocido y haber podido compartir con ellos (con vosotros) tantas cosas. Pero a veces (los que me conocen bien lo saben) no puedo evitar que me atrape la melancolía. Y así es como me siento hoy. Casi sin palabras. Y me recreo reviviendo una y otra vez los últimos días. Sé que no me dejan disfrutar del presente, pero ahora mismo lo prefiero así. Espero que el pulpo y el ribeiro de esta noche curen todas las penas. Salud.
PD: En marcha la primera concentración de peregrinos fuera del Camino. Qué ganitas...
Noche mágica
Martes, 24 junio. Ferreiros-Ligonde
¡Qué noche mágica la de ayer! Bueno, mágica y también fría. Nos metimos a la "cama" muy muy prontito, las tres en tres hamacas en medio del campo. Y un par de chicos que habíamos coincidido en la etapa de ayer en un vivac casero que habían construido unos metros más allá. Escribimos nuestros deseos (y alguno más) en papelitos que quemamos, sin ni siquiera salir del saco, en cuanto se hizo de noche. Tammy se quedó dormida enseguida, pero Ali y yo vimos salir la primera estrella de la noche. A ella confié todas mis esperanzas. También las de todos los que he conocido estos días; seguro que estamos en buenas manos. Y tras ella, mil millones más. Creo que nunca he visto un cielo tan estrellado, tan plagado de lucecitas. Estar ahí tumbada, dentro del saco, en medio de la nada, hablando en susurros y mirando las estrellas ha sido precioso. Compartirlo con la pequeña brujita, mejor aún. Sólo nos faltaban los caballeros; en presencia, porque en nuestros corazones seguís camino de Santiago, chicos.
Aunque la noche no ha sido tan bucólica como podría imaginarse. Sí es cierto que ha sido así de bonita, pero también ha tenido su lado malo; frío y humedad. Para parar un tren. Para cuando nos hemos metido en el saco el plástico de las hamacas ya estaba mojado como de rocío, así que hemos tenido que sacar los ponchos y envolvernos en ellos. La pobre Ali ha partido el suyo para que también me tapara yo, pero al final he tenido que sacar el mío. Aun así, nos hemos levantado con los sacos empapados, porque encima por la mañana había muchas nubes bajas y caía sirimiri. Yo he dormido de un tirón (que raroooooooooooooo), metida cabeza y todo dentro del saco, sólo he abierto los ojos un par de veces para maravillarme con las estrellas, pero Ali no ha pegado ojo. Con el viento se le leventaba el poncho y se quedaba heladita.
Y hoy hemos llegado a una maravilla de albergue. Pensábamos seguir un kilómetro más, pero nos ha encantado en cuanto lo hemos visto: sonrisas francas de oreja a oreja, una invitación a tomar un café o refrescarse con agua, una frase amable preguntándote qué tal, grupitos de jóvenes charlando a la sombra y descansando en un pradito. Lo gestionan voluntarios; algunos de ellos vienen dos semanas, una hacen el camino y la otra se quedan atendiendo a los peregrinos. Es propiedad de la Iglesia Evangelista (una asociación que se llama Agape, con sede en Barcelona) pero tampoco nos han pegado la chapa con ello. Iban a proyectar una película llamada "Jesús", que podíamos ir a ver o no, pero al final se ha estropeado el proyector y ni siquiera la han puesto.
El hospitalero ha sido súper agradable desde que hemos llegado. Nos ha ofrecido agua, café o infusiones, nos ha enseñado la casa y ha estado un ratito charlando con nosotras. Menuda diferencia con ayer, porque en este albergue tampoco quedaban camas libres, pero nos van a dejar unas hamacas de camping para dormir en lo que parece que fue la casa de aperos o el garaje de la casa. Es una maravilla de edificio; de piedra, precioso, y cuidado y decorado hasta el último detalle: desde jabón y toallas en el baño, flores y velas por toda la casa, muebles antiguos... También hemos compartido la cena, ensalada, sopas de carne (riquísima, extraordinaria) y de pescado, y copas de chocolate de postre. Hasta la mesa estaba puesta con muchísimo cariño: el cesto de pan con sus pañuelos de cuadros, las jarras de agua de cristal... Incluso nos han colocado pequeños florecitas en cada plato. Ha sido muy agradable. Luego he estado fregando con una señora de Ohio y hemos hablado de las cosas que más nos han gustado del camino, lo mucho que echaba de menos a sus hijos y lo consciente que era a la vez de que necesitaba acostumbrarse a que cada vez iban a ser más independientes, de las cosas que menos nos gustan de nuestro día a día y nos gustaría cambiar... Parece increíble la sinceridad con la que hablas aquí con la gente, aunque no la conozcas de nada, sobre temas que día a día pocas veces te paras a pensar.
Después de cenar hemos vuelto a tener nuestro momento ciudad de ángeles. Las tres abrazaditas hemos visto meterse el sol; cómo me alegro de tener a estas dos chicas estupendas como compañeras de camino.
Tammy anda un poco de bajón. Está entre enfadada y triste por las pocas plazas que hay en los albergues, precisamente en las últimas etapas, donde más gente hay. Te da la sensación de que cada etapa se convierte en una carrera, donde tienes que llegar la primera para garantizarte una cama. Y, como dice ella, si finalmente la consigues supone que alguien se ha quedado sin ella. Así que hemos tomado la decisión de que nada nos va a estropear estos días; si encontramos cama, bien, y si no, pues otra vez a dormir en la calle. Y tan anchas.
Si los cinco caballeros estuvieran aquí o lleváramos una webcam desde la que poder observarnos tendrían el ego del tamaño de Júpiter. No pasan ni cinco minutos sin que algún comentario, algún objeto o situación nos los recuerden: el melón de Toni, las cervezas de Santi, el bastón de Gandalf, algún doble sentido de Carlos, un cigarrito con Ximo... ¡Qué huella habéis dejado, chicos! Sabéis que seguís con nosotras, hasta Santiago y más allá.
¡Qué noche mágica la de ayer! Bueno, mágica y también fría. Nos metimos a la "cama" muy muy prontito, las tres en tres hamacas en medio del campo. Y un par de chicos que habíamos coincidido en la etapa de ayer en un vivac casero que habían construido unos metros más allá. Escribimos nuestros deseos (y alguno más) en papelitos que quemamos, sin ni siquiera salir del saco, en cuanto se hizo de noche. Tammy se quedó dormida enseguida, pero Ali y yo vimos salir la primera estrella de la noche. A ella confié todas mis esperanzas. También las de todos los que he conocido estos días; seguro que estamos en buenas manos. Y tras ella, mil millones más. Creo que nunca he visto un cielo tan estrellado, tan plagado de lucecitas. Estar ahí tumbada, dentro del saco, en medio de la nada, hablando en susurros y mirando las estrellas ha sido precioso. Compartirlo con la pequeña brujita, mejor aún. Sólo nos faltaban los caballeros; en presencia, porque en nuestros corazones seguís camino de Santiago, chicos.
Aunque la noche no ha sido tan bucólica como podría imaginarse. Sí es cierto que ha sido así de bonita, pero también ha tenido su lado malo; frío y humedad. Para parar un tren. Para cuando nos hemos metido en el saco el plástico de las hamacas ya estaba mojado como de rocío, así que hemos tenido que sacar los ponchos y envolvernos en ellos. La pobre Ali ha partido el suyo para que también me tapara yo, pero al final he tenido que sacar el mío. Aun así, nos hemos levantado con los sacos empapados, porque encima por la mañana había muchas nubes bajas y caía sirimiri. Yo he dormido de un tirón (que raroooooooooooooo), metida cabeza y todo dentro del saco, sólo he abierto los ojos un par de veces para maravillarme con las estrellas, pero Ali no ha pegado ojo. Con el viento se le leventaba el poncho y se quedaba heladita.
Y hoy hemos llegado a una maravilla de albergue. Pensábamos seguir un kilómetro más, pero nos ha encantado en cuanto lo hemos visto: sonrisas francas de oreja a oreja, una invitación a tomar un café o refrescarse con agua, una frase amable preguntándote qué tal, grupitos de jóvenes charlando a la sombra y descansando en un pradito. Lo gestionan voluntarios; algunos de ellos vienen dos semanas, una hacen el camino y la otra se quedan atendiendo a los peregrinos. Es propiedad de la Iglesia Evangelista (una asociación que se llama Agape, con sede en Barcelona) pero tampoco nos han pegado la chapa con ello. Iban a proyectar una película llamada "Jesús", que podíamos ir a ver o no, pero al final se ha estropeado el proyector y ni siquiera la han puesto.
El hospitalero ha sido súper agradable desde que hemos llegado. Nos ha ofrecido agua, café o infusiones, nos ha enseñado la casa y ha estado un ratito charlando con nosotras. Menuda diferencia con ayer, porque en este albergue tampoco quedaban camas libres, pero nos van a dejar unas hamacas de camping para dormir en lo que parece que fue la casa de aperos o el garaje de la casa. Es una maravilla de edificio; de piedra, precioso, y cuidado y decorado hasta el último detalle: desde jabón y toallas en el baño, flores y velas por toda la casa, muebles antiguos... También hemos compartido la cena, ensalada, sopas de carne (riquísima, extraordinaria) y de pescado, y copas de chocolate de postre. Hasta la mesa estaba puesta con muchísimo cariño: el cesto de pan con sus pañuelos de cuadros, las jarras de agua de cristal... Incluso nos han colocado pequeños florecitas en cada plato. Ha sido muy agradable. Luego he estado fregando con una señora de Ohio y hemos hablado de las cosas que más nos han gustado del camino, lo mucho que echaba de menos a sus hijos y lo consciente que era a la vez de que necesitaba acostumbrarse a que cada vez iban a ser más independientes, de las cosas que menos nos gustan de nuestro día a día y nos gustaría cambiar... Parece increíble la sinceridad con la que hablas aquí con la gente, aunque no la conozcas de nada, sobre temas que día a día pocas veces te paras a pensar.
Después de cenar hemos vuelto a tener nuestro momento ciudad de ángeles. Las tres abrazaditas hemos visto meterse el sol; cómo me alegro de tener a estas dos chicas estupendas como compañeras de camino.
Tammy anda un poco de bajón. Está entre enfadada y triste por las pocas plazas que hay en los albergues, precisamente en las últimas etapas, donde más gente hay. Te da la sensación de que cada etapa se convierte en una carrera, donde tienes que llegar la primera para garantizarte una cama. Y, como dice ella, si finalmente la consigues supone que alguien se ha quedado sin ella. Así que hemos tomado la decisión de que nada nos va a estropear estos días; si encontramos cama, bien, y si no, pues otra vez a dormir en la calle. Y tan anchas.
Si los cinco caballeros estuvieran aquí o lleváramos una webcam desde la que poder observarnos tendrían el ego del tamaño de Júpiter. No pasan ni cinco minutos sin que algún comentario, algún objeto o situación nos los recuerden: el melón de Toni, las cervezas de Santi, el bastón de Gandalf, algún doble sentido de Carlos, un cigarrito con Ximo... ¡Qué huella habéis dejado, chicos! Sabéis que seguís con nosotras, hasta Santiago y más allá.
Al raso
Lunes, 23 junio. Triacastela-Ferreiros
Otro día de despedidas. Esto es un suma y sigue. Hemos dejado a Alex en Arzúa, cogía un bus a Luego y de ahí a Bilbao. Qué triste ha sido despedirse de ti; menos mal que Erandio está a dos pasitos y el Casco tiene cerveza para dar y regalar. Ha sido genial tenerte un día más con nosotras; hubiera sido durísimo quedarnos las tres solas de golpe y porrazo. Nos has servido de nexo, de transición; tu compañía, una delicia.
La de hoy ha sido una etapa de cuenta. No he visto "El laberinto del fauno", pero me la imagino así. Hemos atravesado bosques tan frondosos que apenas se veían luz entre los troncos; en algunos tramos del camino, los propios árboles habían construido un túnel de ramas y hojas. Hoy sí que parecíamos auténticos elfos. Y la niebla envolvía todo en un ambiente casi mágico; en el propio camino, las figuras que andaban por delante tuyo aparecían y desaparecían en la distancia. En medio de los prados, apenas se distinguían árboles centenario de copas anchas y caserones de piedra.
Ha habido un momento realmente especial. Para cuando me he reunido con el grupo (House sigue de farolillo rojo) se habían parado a hablar con Tomás, un pastor la mar de simpático que enseguida nos ha buscado novios a todos. Y cuando nos íbamos a empezado a cantar; sus canciones gallegas resonaban en medio del bosque, expandiéndose por los prados donde pastaban ovejas y cabras, y por las colinas en las que la niebla engullía las colinas. Cerrar los ojos y oir esa voz clara y tupida ha sido simplemente indescriptible.
¡Y por fin hemos probado la empanada gallega! Nos hemos quedado en Arzúa a comer para estar un ratito más con Alex y la hemos comprado en una panadería. Luego nos hemos sentado en un parque y nos la hemos comido la mar de a gusto. ¿Alguien adivina con qué navaja la he cortado?
Hoy nos toca dormir en el suelo. Si se veía venir; en el pueblo anterior ya nos habían dicho que el albergue de Ferreiros estaba completo pero como allí tampoco quedaban plazas libres (¡¿a quién se le ocurre hacer albergues de 18 plazas en Galicia, donde más gente hay?!), nos hemos dicho "ánimo y al toro", y hasta aquí que nos hemos venido. Y claro, estaba completo. No ha habido forma de convencer a la hospitalera (albergues de la Xunta) de que nos dejara dormir dentro, aunque fuera en el suelo. O en los sofás que Alicia había visto en el comedor. Al menos no nos ha cobrado finalmente por ducharnos. Se la veía buena persona, pero con el miedo de incumplir las normas. Estoy convencida de que si el albergue hubiera sido suyo nos hubiera dejado.
Después de la paliza de hoy (más de treinta kilómetros, hemos llegado a las siete de la tarde, eso sí, con paraditas mil para comer, tomar café...) lo primero que hemos hecho es comer. Como limas y estaba todo buenísimo: ensalada, empanada, macarrones y unas tartas de postre absolutamente impresionantes. Comiendo hemos conocido a Andrienette, una mujer sudafricana encantadora que hasta nos ha enseñado fotos de sus hijas. ¡Una de ellas es una doble exacta de Tammy! Tendrá que ir a Sudáfrica a buscar sus orígenes...
Al llegar hemos visto unas hamacas de plástico de playa en una campa al otro lado de la carretera. Eran del bar y el dueño no ha puesto ningún problema en que durmiéramos allí. A ver qué tal; mal o bien, al menos será una experiencia. Y es la noche de San Juan; pasarla en medio del monte gallego, rodeado de meigas y moléculas positivas no puede traernos más que cosas buenas.
Otro día de despedidas. Esto es un suma y sigue. Hemos dejado a Alex en Arzúa, cogía un bus a Luego y de ahí a Bilbao. Qué triste ha sido despedirse de ti; menos mal que Erandio está a dos pasitos y el Casco tiene cerveza para dar y regalar. Ha sido genial tenerte un día más con nosotras; hubiera sido durísimo quedarnos las tres solas de golpe y porrazo. Nos has servido de nexo, de transición; tu compañía, una delicia.
La de hoy ha sido una etapa de cuenta. No he visto "El laberinto del fauno", pero me la imagino así. Hemos atravesado bosques tan frondosos que apenas se veían luz entre los troncos; en algunos tramos del camino, los propios árboles habían construido un túnel de ramas y hojas. Hoy sí que parecíamos auténticos elfos. Y la niebla envolvía todo en un ambiente casi mágico; en el propio camino, las figuras que andaban por delante tuyo aparecían y desaparecían en la distancia. En medio de los prados, apenas se distinguían árboles centenario de copas anchas y caserones de piedra.
Ha habido un momento realmente especial. Para cuando me he reunido con el grupo (House sigue de farolillo rojo) se habían parado a hablar con Tomás, un pastor la mar de simpático que enseguida nos ha buscado novios a todos. Y cuando nos íbamos a empezado a cantar; sus canciones gallegas resonaban en medio del bosque, expandiéndose por los prados donde pastaban ovejas y cabras, y por las colinas en las que la niebla engullía las colinas. Cerrar los ojos y oir esa voz clara y tupida ha sido simplemente indescriptible.
¡Y por fin hemos probado la empanada gallega! Nos hemos quedado en Arzúa a comer para estar un ratito más con Alex y la hemos comprado en una panadería. Luego nos hemos sentado en un parque y nos la hemos comido la mar de a gusto. ¿Alguien adivina con qué navaja la he cortado?
Hoy nos toca dormir en el suelo. Si se veía venir; en el pueblo anterior ya nos habían dicho que el albergue de Ferreiros estaba completo pero como allí tampoco quedaban plazas libres (¡¿a quién se le ocurre hacer albergues de 18 plazas en Galicia, donde más gente hay?!), nos hemos dicho "ánimo y al toro", y hasta aquí que nos hemos venido. Y claro, estaba completo. No ha habido forma de convencer a la hospitalera (albergues de la Xunta) de que nos dejara dormir dentro, aunque fuera en el suelo. O en los sofás que Alicia había visto en el comedor. Al menos no nos ha cobrado finalmente por ducharnos. Se la veía buena persona, pero con el miedo de incumplir las normas. Estoy convencida de que si el albergue hubiera sido suyo nos hubiera dejado.
Después de la paliza de hoy (más de treinta kilómetros, hemos llegado a las siete de la tarde, eso sí, con paraditas mil para comer, tomar café...) lo primero que hemos hecho es comer. Como limas y estaba todo buenísimo: ensalada, empanada, macarrones y unas tartas de postre absolutamente impresionantes. Comiendo hemos conocido a Andrienette, una mujer sudafricana encantadora que hasta nos ha enseñado fotos de sus hijas. ¡Una de ellas es una doble exacta de Tammy! Tendrá que ir a Sudáfrica a buscar sus orígenes...
Al llegar hemos visto unas hamacas de plástico de playa en una campa al otro lado de la carretera. Eran del bar y el dueño no ha puesto ningún problema en que durmiéramos allí. A ver qué tal; mal o bien, al menos será una experiencia. Y es la noche de San Juan; pasarla en medio del monte gallego, rodeado de meigas y moléculas positivas no puede traernos más que cosas buenas.
viernes, 27 de junio de 2008
Despedidas
Domingo 22 junio. Pereje-Triacastela
Día triste. De despedidas. Esta mañana se han ido los cinco caballeros; esta tarde, Lorena y Almudena. Habían llegado el viernes por la noche y ha sido una delicia tenerlas aqui.
No tengo palabras que puedan describir a estos chicos (y eso en una gran periodista como yo es malo, muy malo). Cada uno con sus peculiaridades, pero todos ellos excepcionales. Toni, el macho alfa, con sus necesidades primarias y sus carcajadas espontáneas; Pep, nuestro gran Gandalf, con esa serenidad que irradia, su mirada limpia y sus palabras de aliento; Ximo, un pedazo de pan pero en tamaño hogaza, y sus abrazos de oso; la mirada sucia y las segundas lecturas de Carlos, el gran corazon que esconde, siempre dispuesto a ayudarte; y Santi, un pequeño hobbit siempre sonriente. Agradecida y emocionada, no quiero añadir nada más; las palabras no serían suficientes. Pero alguien me debe una cerveza desde Astorga...
Lo que hicieron ayer por mí fue increíble; como seguía renqueando de la rodilla, se repartieron todos mis trastos entre sus mochilas y dejaron la mía practicamente vacia. Y así subieron O Cebreiro. Es una de las cosas más bonitas que nadie ha hecho por mí; no se me va a olvidar nunca, chicos. Sabéis lo importante que fue para mí.
O Cebreiro es un pueblo precioso. Directo al puesto número 1 del recien estrenado ranking de pueblos romanticos. Por muchas razones. La de ayer, una tarde genial. Después de la ducha (con agua fria, congelada) y la comida (con esos platos top diseño) salimos a dar una mini vuelta: cafecito, la iglesia, una casa tipica gallega que estuvo habitada hasta los años 60, las compritas de rigor... Lo mejor, sentarnos un momento al borde del valle, con unas vistas increíbles, en un murete junto a la carretera.
Tuvimos nuestro momento ciudad de angeles para ver el atardecer, bebida radioactiva incluida. Y por la noche, después de echarnos las runas (ojalá sea cierto, Ali) hicimos escapada adolescente para salir del albergue a ver las estrellas por la ventana de la cocina. Y allí nos fuimos, de vuelta al murete a ver un cielo estrellado increible. Con almohada incluida. Ahí se hubiera parado el tiempo. Cuánto me hubiera gustado que esa noche no terminara nunca.
Tras alargar todo lo posible el desayuno, la despedida; triste, pero con la alegría indescriptible de h aber conocido a personas tan especiales. Y la certeza absoluta de que nos veremos pronto, muy pronto.
Lorena y Aludena se han marchado después de comer en Triacastela. Lore me ha hecho de muletilla toda la bajada (una cuesta interminable) y Almu ha vuelto a robarme parte de mis pertenencias. Estas chicas valen su peso en oro. Peregrinas de verdad.
En el albergue también están Bea y Juan. No sé si había hablado de ellos hasta ahora. Son una pareja encantadora y divertidísima; Bea una jabata que no anda, vuela con sus bastones y su Ipod, y el pobre Juanito metros atrás, intentando seguirla el paso. Siempre bromeando con las miradas de Juan a otras chicas; a la elfa, una chica danesa absolutamente preciosa, habia jurado despeñarla O Cebreiro abajo si se la encontraba. Afortunadamente hemos podido evitarlo.
La etapa de hoy ha sido unas risas. Nada mas salir de O Cebreiro en una aldea ha salido una señora con un plato de filloas que nos han sabido a gloria. Y hemos tenido que sortear vacas; iban andando por el mismo camino y mientras pasaba entre culo y culo sólo podía pensar en dos cosas: que no se movieran y muriera aplastada, y que no se pusieran a mear y me ducharan. Con el alma en un puño he pasado.
Lo importante no es llegar a Santiago sino el camino. Había escuchado esa frase cientos de veces y sólo ahora la entiendo. Ojalá no terminara nunca; ojalá pudiera repetir estos días en los que he revisado miedos e ilusiones, he mirado y me han mirado a los ojos al hablar, estos días de abrazos, de besos al despertar y sonrisas cómplices al llegar al albergue, de risaas, bromas, juegos y confidencias; estos días en los que he sido Itziar, Iratxe, Arichi y Guirlache.
Día triste. De despedidas. Esta mañana se han ido los cinco caballeros; esta tarde, Lorena y Almudena. Habían llegado el viernes por la noche y ha sido una delicia tenerlas aqui.
No tengo palabras que puedan describir a estos chicos (y eso en una gran periodista como yo es malo, muy malo). Cada uno con sus peculiaridades, pero todos ellos excepcionales. Toni, el macho alfa, con sus necesidades primarias y sus carcajadas espontáneas; Pep, nuestro gran Gandalf, con esa serenidad que irradia, su mirada limpia y sus palabras de aliento; Ximo, un pedazo de pan pero en tamaño hogaza, y sus abrazos de oso; la mirada sucia y las segundas lecturas de Carlos, el gran corazon que esconde, siempre dispuesto a ayudarte; y Santi, un pequeño hobbit siempre sonriente. Agradecida y emocionada, no quiero añadir nada más; las palabras no serían suficientes. Pero alguien me debe una cerveza desde Astorga...
Lo que hicieron ayer por mí fue increíble; como seguía renqueando de la rodilla, se repartieron todos mis trastos entre sus mochilas y dejaron la mía practicamente vacia. Y así subieron O Cebreiro. Es una de las cosas más bonitas que nadie ha hecho por mí; no se me va a olvidar nunca, chicos. Sabéis lo importante que fue para mí.
O Cebreiro es un pueblo precioso. Directo al puesto número 1 del recien estrenado ranking de pueblos romanticos. Por muchas razones. La de ayer, una tarde genial. Después de la ducha (con agua fria, congelada) y la comida (con esos platos top diseño) salimos a dar una mini vuelta: cafecito, la iglesia, una casa tipica gallega que estuvo habitada hasta los años 60, las compritas de rigor... Lo mejor, sentarnos un momento al borde del valle, con unas vistas increíbles, en un murete junto a la carretera.
Tuvimos nuestro momento ciudad de angeles para ver el atardecer, bebida radioactiva incluida. Y por la noche, después de echarnos las runas (ojalá sea cierto, Ali) hicimos escapada adolescente para salir del albergue a ver las estrellas por la ventana de la cocina. Y allí nos fuimos, de vuelta al murete a ver un cielo estrellado increible. Con almohada incluida. Ahí se hubiera parado el tiempo. Cuánto me hubiera gustado que esa noche no terminara nunca.
Tras alargar todo lo posible el desayuno, la despedida; triste, pero con la alegría indescriptible de h aber conocido a personas tan especiales. Y la certeza absoluta de que nos veremos pronto, muy pronto.
Lorena y Aludena se han marchado después de comer en Triacastela. Lore me ha hecho de muletilla toda la bajada (una cuesta interminable) y Almu ha vuelto a robarme parte de mis pertenencias. Estas chicas valen su peso en oro. Peregrinas de verdad.
En el albergue también están Bea y Juan. No sé si había hablado de ellos hasta ahora. Son una pareja encantadora y divertidísima; Bea una jabata que no anda, vuela con sus bastones y su Ipod, y el pobre Juanito metros atrás, intentando seguirla el paso. Siempre bromeando con las miradas de Juan a otras chicas; a la elfa, una chica danesa absolutamente preciosa, habia jurado despeñarla O Cebreiro abajo si se la encontraba. Afortunadamente hemos podido evitarlo.
La etapa de hoy ha sido unas risas. Nada mas salir de O Cebreiro en una aldea ha salido una señora con un plato de filloas que nos han sabido a gloria. Y hemos tenido que sortear vacas; iban andando por el mismo camino y mientras pasaba entre culo y culo sólo podía pensar en dos cosas: que no se movieran y muriera aplastada, y que no se pusieran a mear y me ducharan. Con el alma en un puño he pasado.
Lo importante no es llegar a Santiago sino el camino. Había escuchado esa frase cientos de veces y sólo ahora la entiendo. Ojalá no terminara nunca; ojalá pudiera repetir estos días en los que he revisado miedos e ilusiones, he mirado y me han mirado a los ojos al hablar, estos días de abrazos, de besos al despertar y sonrisas cómplices al llegar al albergue, de risaas, bromas, juegos y confidencias; estos días en los que he sido Itziar, Iratxe, Arichi y Guirlache.
miércoles, 25 de junio de 2008
En buena compañía
Miércoles 18-viernes 20 junio. Astorga-Pereje
Casi tres días sin escribir. No he tenido tiempo, ni he querido tenerlo. Han sido tres días geniales: buen tiempo, pueblos preciosos, paisajes increíbles y, sobre todo, la mejor compañía.
El miércoles salimos a dar una vueltilla por Astorga con los chicos valencianos. Compraron comid tipo embutidos y nos invitaron a cenar con ellos; qué jartá de reirnos, por favor. Cenamos en la terraza del albergue, precioso, todo el campo y la noche, con luna incluida, desde el mirador. Entre cervezas y risas nos dieron más de medianoche.
Y así han sido estos tres últimos días. Son un cielo de chavales; muy, muy divertidos y extremadamente amables. Yo que me he quedado rezagada un par de veces nunca me he quedado sola andando. Lo de un par de veces es un eufemismo; hoy me molestaba muchísimo la rodilla, volvía a caminar a dos por hora y me han acompañado un rato Santi y otro Ximo. Santi la primera parte, hasta la paradita de rigor para el almuerzo (la cecina ha entrado en el top ten de mis comidas favoritas); hemos ido hablando de nuestras familias, de nuestras vidas, de lo que esperamos de ella, lo que nos gusta, lo que nos pone de los nervios, de la inmigración, la educación de los niños y hasta hemos imitado a Lina Morgan, gracias a mi gorrito con la visera vuelta. Y los últimos kilómetros me ha acompañado Ximo, que nos hemos pillado una solana de flipar andando a paso de burra, que cansa un montón. Y él ahí, conmigo pasito a pasito para que no me quedara sola. El pobre, todo lo grande que es, sudando y prácticamente fundiéndose bajo el sol, venga a subir y bajar lomitas entre viñedos. Creo que si llego a tener que hacerlo sola me siento en el suelo en medio del pedregal y ahí me quedo. Gracias Xim; sabes que terminé gracias a ti.
Mientras, Pep, Santi y Carlos se han salido. En el albergue donde íbamos a dormir había cocina, pero en el pueblo, Pereje, no había tienda. Así que han tirado más rápido, han hecho compras en el pueblo anterior (Villafranca del Bierzo, cinco kilómetros antes) y cargados con arroz, caldo, costilla, pollo, aceite, cervezas y no sé cuántas cosas más han llegado al albergue y han preparado la comida para cuando llegáramos.
Casi no tengo palabras para describirlos. Te habland, te cuentan, te preguntan, te hacen reir, se preocupan por ti, te acompañan, te animan, te abrazan... Carlos (que tiene una herida en la frente y se atreve a ponerse en mis manos para las curas) hace unos masajes increíbles y se ha pasado las dos últimas tardes reestructurando espaldas, piernas, cabezas... Y todo después de la paliza de andar todo el día.
Mañana es ya la última etapa que hacen y me da muchísima pena que se vayan. El camino a partir de ahora ya no volverá a ser igual. Y hoy ha llegado, por sorpresa, Alex, un chico de Erandio con el que han hecho el camino otros años pero que éste no podía venir por curro. Y ha aparecido para darles sin decirles nada.
Se me amontonan en la cabeza todo lo que hemos hecho estos días, las cosas de las que hemos hablado, lo que me han hecho sentir entre todos los que ahora andamos juntos, duendecita incluida. Las comidas compartidas, las tardes de charla tumbados en el jardín, las cervecitas después de cenar, los paseos por el castillo, los abrazos al despertar, las horas caminando en silencio o hablando, sola o junto a alguien más, pero siempre acompañada. Parece mentira lo mucho que puedes llegar a compartir con otras personas en apenas cinco días, el cariño que te une a ellas.
El jueves subimos hasta casi la cruz de Ferro, a un pueblo que se llama Foncebadon (todos conmigo, f-o-n-c-e-b-a-d-o-n), casi abandonado. Después de cenar salimos Santi, Ximo y yo a ver la luna. Hacía un frío de morirse y ahí estuvimos los tres, sentados en una viga en medio de un prado a 1.400 metros, sin nada alrededor, sólo campos, montes y vacas, mirando la luna que iba elevándose en el horizonte, cervecita en mano. Tanto frío, tanto frío, que los dos, que parecen estufas andantes con el calor que despiden, se sentaron uno a cada lado para que entrara en calor. Hasta que casi mueren ellos congelados, aprendices de chicarrones del norte, en chancletas y manga corta...
No soy capaz de escribir nada más. Las palabras se me quedan cortas. Y ya he perdido demasiado tiempo sin estar con ellos. Y eso, ahora, es lo que más me importa.
PD: Tengo una navaja nueva. Gracias Pep.
Casi tres días sin escribir. No he tenido tiempo, ni he querido tenerlo. Han sido tres días geniales: buen tiempo, pueblos preciosos, paisajes increíbles y, sobre todo, la mejor compañía.
El miércoles salimos a dar una vueltilla por Astorga con los chicos valencianos. Compraron comid tipo embutidos y nos invitaron a cenar con ellos; qué jartá de reirnos, por favor. Cenamos en la terraza del albergue, precioso, todo el campo y la noche, con luna incluida, desde el mirador. Entre cervezas y risas nos dieron más de medianoche.
Y así han sido estos tres últimos días. Son un cielo de chavales; muy, muy divertidos y extremadamente amables. Yo que me he quedado rezagada un par de veces nunca me he quedado sola andando. Lo de un par de veces es un eufemismo; hoy me molestaba muchísimo la rodilla, volvía a caminar a dos por hora y me han acompañado un rato Santi y otro Ximo. Santi la primera parte, hasta la paradita de rigor para el almuerzo (la cecina ha entrado en el top ten de mis comidas favoritas); hemos ido hablando de nuestras familias, de nuestras vidas, de lo que esperamos de ella, lo que nos gusta, lo que nos pone de los nervios, de la inmigración, la educación de los niños y hasta hemos imitado a Lina Morgan, gracias a mi gorrito con la visera vuelta. Y los últimos kilómetros me ha acompañado Ximo, que nos hemos pillado una solana de flipar andando a paso de burra, que cansa un montón. Y él ahí, conmigo pasito a pasito para que no me quedara sola. El pobre, todo lo grande que es, sudando y prácticamente fundiéndose bajo el sol, venga a subir y bajar lomitas entre viñedos. Creo que si llego a tener que hacerlo sola me siento en el suelo en medio del pedregal y ahí me quedo. Gracias Xim; sabes que terminé gracias a ti.
Mientras, Pep, Santi y Carlos se han salido. En el albergue donde íbamos a dormir había cocina, pero en el pueblo, Pereje, no había tienda. Así que han tirado más rápido, han hecho compras en el pueblo anterior (Villafranca del Bierzo, cinco kilómetros antes) y cargados con arroz, caldo, costilla, pollo, aceite, cervezas y no sé cuántas cosas más han llegado al albergue y han preparado la comida para cuando llegáramos.
Casi no tengo palabras para describirlos. Te habland, te cuentan, te preguntan, te hacen reir, se preocupan por ti, te acompañan, te animan, te abrazan... Carlos (que tiene una herida en la frente y se atreve a ponerse en mis manos para las curas) hace unos masajes increíbles y se ha pasado las dos últimas tardes reestructurando espaldas, piernas, cabezas... Y todo después de la paliza de andar todo el día.
Mañana es ya la última etapa que hacen y me da muchísima pena que se vayan. El camino a partir de ahora ya no volverá a ser igual. Y hoy ha llegado, por sorpresa, Alex, un chico de Erandio con el que han hecho el camino otros años pero que éste no podía venir por curro. Y ha aparecido para darles sin decirles nada.
Se me amontonan en la cabeza todo lo que hemos hecho estos días, las cosas de las que hemos hablado, lo que me han hecho sentir entre todos los que ahora andamos juntos, duendecita incluida. Las comidas compartidas, las tardes de charla tumbados en el jardín, las cervecitas después de cenar, los paseos por el castillo, los abrazos al despertar, las horas caminando en silencio o hablando, sola o junto a alguien más, pero siempre acompañada. Parece mentira lo mucho que puedes llegar a compartir con otras personas en apenas cinco días, el cariño que te une a ellas.
El jueves subimos hasta casi la cruz de Ferro, a un pueblo que se llama Foncebadon (todos conmigo, f-o-n-c-e-b-a-d-o-n), casi abandonado. Después de cenar salimos Santi, Ximo y yo a ver la luna. Hacía un frío de morirse y ahí estuvimos los tres, sentados en una viga en medio de un prado a 1.400 metros, sin nada alrededor, sólo campos, montes y vacas, mirando la luna que iba elevándose en el horizonte, cervecita en mano. Tanto frío, tanto frío, que los dos, que parecen estufas andantes con el calor que despiden, se sentaron uno a cada lado para que entrara en calor. Hasta que casi mueren ellos congelados, aprendices de chicarrones del norte, en chancletas y manga corta...
No soy capaz de escribir nada más. Las palabras se me quedan cortas. Y ya he perdido demasiado tiempo sin estar con ellos. Y eso, ahora, es lo que más me importa.
PD: Tengo una navaja nueva. Gracias Pep.
jueves, 19 de junio de 2008
Malas noticias
Martes, 17 junio. San Martin del Camino-Astorga, 24 kms
¡¿Cómo no me acordé ayer de nombrar a Agapito?! Salíamos nosotros desesperados de León, agobiados por tantas calles y coches, chispeando aún (por supuesto con la capa puesta) cuando nos encontramos una cesta llena de frutos secos, galletas y patatas fritas, y la indicación de una fuente a 200 metros; un regalo al peregrino de Agapito. Y allí estaba Agapito, unos metros más allá, trabajando en su huerta. Nos saludó, habló un rato con nosotros y, cómo no, nos deseó buen camino. Un encanto de hombre.
La etapa de hoy ha sido muy chula. El paisaje ha cambiado totalmente y todo es mucho más verde. Hemos atravesado unas mesetillas con árboles bajitos, muy parecidas a la dehesa extremeña que he visto en fotos. Y aunque era un camino pedregoso algo incómodo para caminar y ha habido algunos repechos y cuestas abajo (que casi son peores que las cuestas arriba, por lo que sufren las rodillas), ha sido una etapa muy agradable. Encima, ha salido un día buenísimo, con sol, fresquito (muy fresquito) por la mañana y demasiado calor ya cuando hemos llegado a Astorga. Queríamos huir de la carretera. En un cruce hemos visto que se podía ir por la carretera o campo a través. Y aunque el camino era más largo, no nos lo hemos pensado. Bueno, realmente no habíamos visto el cartel, pero nos lo ha dicho un canadiense muy majo que estaba parado en el cruce preguntando a todos los peregrinos si habíamos perdido un bastón azul que había encontrado.
Hemos comido con unos chicos de Valencia, Santi, Pepe, Toni, Chimo y Carlos; bueno, de Valencia los primeros, de A Coruña el último. Muy simpáticos, cada año hace una semana del camino. Los cuatro valencianos se conocían de antes, al gallego le conocieron aquí. Les vimos ya ayer en el bar en el que paramos a desayunar pero anocheron durmieron en otro pueblo. Nos han inviado a capuccinos que tenían y nosotros hemos sacado unos croisants de chocolate. Nos hemos reído un montón.
El albergue en el que estamos es una maravilla, siervas de María. Por el mismo precio (cuatro euros) puedes elegir habitaciones de 2, 4 ó 6 camas. Es muy grande y está todo nuevo muy limpio; con cocina, un comedoir, otra terraza donde hemos comido con vistas al campo y un jardincito muy agradable en la parte de atrás. Ahí he estado un ratillo tumbada al sol leyendo, la mar de a gusto, mientras el resto echaba la siesta. Qué diferencia con el de ayer, hasta el tiempo acompaña hoy. Y el hospitalero también es muy majo.
Mauro ha llegado un poco más tarde que nosotros, con malas noticias. Santiago ha tenido que irse al hospital con un cólico renal. Se ha levantado con dolores, ha intentado seguir andando pero al de 7 kilómetros han tenido que llamar a una ambulancia y llevarle al hospital de León. Qué triste. Ánimo, Santiago!
¡¿Cómo no me acordé ayer de nombrar a Agapito?! Salíamos nosotros desesperados de León, agobiados por tantas calles y coches, chispeando aún (por supuesto con la capa puesta) cuando nos encontramos una cesta llena de frutos secos, galletas y patatas fritas, y la indicación de una fuente a 200 metros; un regalo al peregrino de Agapito. Y allí estaba Agapito, unos metros más allá, trabajando en su huerta. Nos saludó, habló un rato con nosotros y, cómo no, nos deseó buen camino. Un encanto de hombre.
La etapa de hoy ha sido muy chula. El paisaje ha cambiado totalmente y todo es mucho más verde. Hemos atravesado unas mesetillas con árboles bajitos, muy parecidas a la dehesa extremeña que he visto en fotos. Y aunque era un camino pedregoso algo incómodo para caminar y ha habido algunos repechos y cuestas abajo (que casi son peores que las cuestas arriba, por lo que sufren las rodillas), ha sido una etapa muy agradable. Encima, ha salido un día buenísimo, con sol, fresquito (muy fresquito) por la mañana y demasiado calor ya cuando hemos llegado a Astorga. Queríamos huir de la carretera. En un cruce hemos visto que se podía ir por la carretera o campo a través. Y aunque el camino era más largo, no nos lo hemos pensado. Bueno, realmente no habíamos visto el cartel, pero nos lo ha dicho un canadiense muy majo que estaba parado en el cruce preguntando a todos los peregrinos si habíamos perdido un bastón azul que había encontrado.
Hemos comido con unos chicos de Valencia, Santi, Pepe, Toni, Chimo y Carlos; bueno, de Valencia los primeros, de A Coruña el último. Muy simpáticos, cada año hace una semana del camino. Los cuatro valencianos se conocían de antes, al gallego le conocieron aquí. Les vimos ya ayer en el bar en el que paramos a desayunar pero anocheron durmieron en otro pueblo. Nos han inviado a capuccinos que tenían y nosotros hemos sacado unos croisants de chocolate. Nos hemos reído un montón.
El albergue en el que estamos es una maravilla, siervas de María. Por el mismo precio (cuatro euros) puedes elegir habitaciones de 2, 4 ó 6 camas. Es muy grande y está todo nuevo muy limpio; con cocina, un comedoir, otra terraza donde hemos comido con vistas al campo y un jardincito muy agradable en la parte de atrás. Ahí he estado un ratillo tumbada al sol leyendo, la mar de a gusto, mientras el resto echaba la siesta. Qué diferencia con el de ayer, hasta el tiempo acompaña hoy. Y el hospitalero también es muy majo.
Mauro ha llegado un poco más tarde que nosotros, con malas noticias. Santiago ha tenido que irse al hospital con un cólico renal. Se ha levantado con dolores, ha intentado seguir andando pero al de 7 kilómetros han tenido que llamar a una ambulancia y llevarle al hospital de León. Qué triste. Ánimo, Santiago!
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