Miércoles, 25 junio. Ligonde-Melide
¡Menuda sorpresa nos han dado Bea y Juan hoy! Tammy, Alicia y yo nos habíamos adelantado unos kilómetros los dos últimos días para llegar a Santiago el viernes y quedar con Carlos, y ellos se lo habían tomado con algo más de calma porque podían estar allí el sábado. Pues acaban de llegar hace un rato después de patearse cuarenta kilómetros y llegar todos juntos a Santiago. ¡Cuánto valen estos chicos!
Qué gozada de albergue el de ayer. Para cuando nos hemos levantado a las 6.30 nos habían dejado preparado el desayuno, pero ha empezado a reunirse gente alrededor de la mesa y al final nos hemos quedado hablando casi una hora con los voluntarios, otros peregrinos... La verdad es que así da gusto.
Alicia y yo hemos tenido mañana karaoke. Hemos cantado de todo, desde Victor Manuel (BSO del camino, la llevo cantando desde que empecé, sólo las tres estrofas de las que nos acordamos) a Mecano, pasando por Cecilia, Luz Casal... A Tammy le ha encantado "Un ramito de violetas", así que se la cantamos a dúo. Y me encanta que Ali me cante "Besaré el suelo". Que el amor es un misterio... Casi consigues hacerme llorar, pequeña bruji.
Tarde de bajón. Escribo sentada en el murito del albergue, con Alicia, que intenta uniformizar su moreno, y Gretta. Tammy se ha quedado arriba escuchando música. También está tristona. Había pensado que al menos un día me iba a plantear qué coño hacía andando 25 kilómetros, levantándome a las 6.30 de la mañana cuando podía estar en la playa tumbada tomando el sol sin hacer nada, que para algo son mis vacaciones. Pues la tristeza viene por todo lo contrario. Por la sensación de que esto se termina, de que Santiago está cada ve más cerca y de que allí todo habrá acabado. Se me hace extraño pensar en la vida "normal", volver a encajarme en la rutina diaria. Sé que no debería ponerme triste, que debería alegrarme por todo lo que he disfrutado estos días, por las personas tan extraordinarias que he ganado, por todo lo que he vivido... Y me alegro, de verdad. Nunca podré expresar lo feliz, lo afortunada que me siento al haberlos conocido y haber podido compartir con ellos (con vosotros) tantas cosas. Pero a veces (los que me conocen bien lo saben) no puedo evitar que me atrape la melancolía. Y así es como me siento hoy. Casi sin palabras. Y me recreo reviviendo una y otra vez los últimos días. Sé que no me dejan disfrutar del presente, pero ahora mismo lo prefiero así. Espero que el pulpo y el ribeiro de esta noche curen todas las penas. Salud.
PD: En marcha la primera concentración de peregrinos fuera del Camino. Qué ganitas...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario