Martes, 24 junio. Ferreiros-Ligonde
¡Qué noche mágica la de ayer! Bueno, mágica y también fría. Nos metimos a la "cama" muy muy prontito, las tres en tres hamacas en medio del campo. Y un par de chicos que habíamos coincidido en la etapa de ayer en un vivac casero que habían construido unos metros más allá. Escribimos nuestros deseos (y alguno más) en papelitos que quemamos, sin ni siquiera salir del saco, en cuanto se hizo de noche. Tammy se quedó dormida enseguida, pero Ali y yo vimos salir la primera estrella de la noche. A ella confié todas mis esperanzas. También las de todos los que he conocido estos días; seguro que estamos en buenas manos. Y tras ella, mil millones más. Creo que nunca he visto un cielo tan estrellado, tan plagado de lucecitas. Estar ahí tumbada, dentro del saco, en medio de la nada, hablando en susurros y mirando las estrellas ha sido precioso. Compartirlo con la pequeña brujita, mejor aún. Sólo nos faltaban los caballeros; en presencia, porque en nuestros corazones seguís camino de Santiago, chicos.
Aunque la noche no ha sido tan bucólica como podría imaginarse. Sí es cierto que ha sido así de bonita, pero también ha tenido su lado malo; frío y humedad. Para parar un tren. Para cuando nos hemos metido en el saco el plástico de las hamacas ya estaba mojado como de rocío, así que hemos tenido que sacar los ponchos y envolvernos en ellos. La pobre Ali ha partido el suyo para que también me tapara yo, pero al final he tenido que sacar el mío. Aun así, nos hemos levantado con los sacos empapados, porque encima por la mañana había muchas nubes bajas y caía sirimiri. Yo he dormido de un tirón (que raroooooooooooooo), metida cabeza y todo dentro del saco, sólo he abierto los ojos un par de veces para maravillarme con las estrellas, pero Ali no ha pegado ojo. Con el viento se le leventaba el poncho y se quedaba heladita.
Y hoy hemos llegado a una maravilla de albergue. Pensábamos seguir un kilómetro más, pero nos ha encantado en cuanto lo hemos visto: sonrisas francas de oreja a oreja, una invitación a tomar un café o refrescarse con agua, una frase amable preguntándote qué tal, grupitos de jóvenes charlando a la sombra y descansando en un pradito. Lo gestionan voluntarios; algunos de ellos vienen dos semanas, una hacen el camino y la otra se quedan atendiendo a los peregrinos. Es propiedad de la Iglesia Evangelista (una asociación que se llama Agape, con sede en Barcelona) pero tampoco nos han pegado la chapa con ello. Iban a proyectar una película llamada "Jesús", que podíamos ir a ver o no, pero al final se ha estropeado el proyector y ni siquiera la han puesto.
El hospitalero ha sido súper agradable desde que hemos llegado. Nos ha ofrecido agua, café o infusiones, nos ha enseñado la casa y ha estado un ratito charlando con nosotras. Menuda diferencia con ayer, porque en este albergue tampoco quedaban camas libres, pero nos van a dejar unas hamacas de camping para dormir en lo que parece que fue la casa de aperos o el garaje de la casa. Es una maravilla de edificio; de piedra, precioso, y cuidado y decorado hasta el último detalle: desde jabón y toallas en el baño, flores y velas por toda la casa, muebles antiguos... También hemos compartido la cena, ensalada, sopas de carne (riquísima, extraordinaria) y de pescado, y copas de chocolate de postre. Hasta la mesa estaba puesta con muchísimo cariño: el cesto de pan con sus pañuelos de cuadros, las jarras de agua de cristal... Incluso nos han colocado pequeños florecitas en cada plato. Ha sido muy agradable. Luego he estado fregando con una señora de Ohio y hemos hablado de las cosas que más nos han gustado del camino, lo mucho que echaba de menos a sus hijos y lo consciente que era a la vez de que necesitaba acostumbrarse a que cada vez iban a ser más independientes, de las cosas que menos nos gustan de nuestro día a día y nos gustaría cambiar... Parece increíble la sinceridad con la que hablas aquí con la gente, aunque no la conozcas de nada, sobre temas que día a día pocas veces te paras a pensar.
Después de cenar hemos vuelto a tener nuestro momento ciudad de ángeles. Las tres abrazaditas hemos visto meterse el sol; cómo me alegro de tener a estas dos chicas estupendas como compañeras de camino.
Tammy anda un poco de bajón. Está entre enfadada y triste por las pocas plazas que hay en los albergues, precisamente en las últimas etapas, donde más gente hay. Te da la sensación de que cada etapa se convierte en una carrera, donde tienes que llegar la primera para garantizarte una cama. Y, como dice ella, si finalmente la consigues supone que alguien se ha quedado sin ella. Así que hemos tomado la decisión de que nada nos va a estropear estos días; si encontramos cama, bien, y si no, pues otra vez a dormir en la calle. Y tan anchas.
Si los cinco caballeros estuvieran aquí o lleváramos una webcam desde la que poder observarnos tendrían el ego del tamaño de Júpiter. No pasan ni cinco minutos sin que algún comentario, algún objeto o situación nos los recuerden: el melón de Toni, las cervezas de Santi, el bastón de Gandalf, algún doble sentido de Carlos, un cigarrito con Ximo... ¡Qué huella habéis dejado, chicos! Sabéis que seguís con nosotras, hasta Santiago y más allá.
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