lunes, 16 de junio de 2008

Por el Barrio Húmedo

Domingo, 15 junio. Mansilla de las Mulas-León, 17,7 kms
¿Lo mejor del día de hoy? Las cervezas con tapitas includas que nos hemos tomado por el Barrio Húmedo: patatas ali-oli, picadillo, chorizo, oreja, cojonudos (huevos de codorniz para iletrados como yo)... Ah, y la ración de morcilla que hemos pedido. Impresionante. No es de arroz, la desmigan y la sirven como en puré, buenísima. Antes habíamos visitado la ciudad: la catedral (qué maravilla de edificio, preciosísimas las vidrieras, nos hemos quedado con la boca abierta nada más entrar), las murallas, otra basílica que estaba cerrada por obras y no hemos podido visitar... Después de sólo una semana de andar prácticamente solos en medio de la nada, el cruzarte con gente por la calle, esquivarla, los coches... ha sido pelín abrumador. Y eso que era sólo León. Me ha gustado mucho la ciudad, prometo volver a pasar un fin de semana. Hasta he elegido ya con quién...
El albergue también es bastante chulo. Está en un convento de monjas benedictas, Carvajalas. Con salas muy grandes llenas de literas, los baños muy limpios y nuevos, y una especie de patio interior donde hemos estado sentadas un rato al sol después de llegar Greta y yo. Ha sido el momento enfermería del día. Que consiste en: ponerme hielo en el empeine, luego un masaje de Voltarén (Greta también se ha puesto hoy un poco detrás de la rodilla; les dueles en el mismo sitio a las tres, Susana, Tammy y ella, yo de ese me he librado), quitar las gasas de las ampollas, limpiar con Betadine y sacarles el agüilla, y volver a poner las gasas. Siento el grafismo. Es el ritual diario después de la ducha, hacer la colada y tender la ropa.
De la etapa de hoy no he querido acordarme hasta ahora. Deliberadamente. Menudo infierno... Nada más salir del albergue nos ha caído una tromba de agua que me ha empapado las zapatillas. Por arriba bien, con la tapa no me he mojado, pero por abajo... Cuando he llegado a León los calcetines estaban para escurrir. La tendinitis me ha molestado de verdad, las ampollas bailaban en el pocito de agua que había dentro de las zapatillas, llevaba una especie de tirón en la ingle izquierda, me costaba un horror subir o bajar cualquier cuestita o acera... Menos mal que los últimos kilómetros, después del cafecito a media mañana, he caminado con Tammy y se ha hecho más ameno.
Pero que nadie vaya a pensar que soy la única. Muchos estamos tocados. Para que os hagáis una idea, una chica ayer en el albergue tenía seis ampollas en el mismo pie y el finlandés del trío nórdico, que llevaba ya unos días con la rodilla jodida, me ha dicho que iba a ir al médico para inyectarse corticoides y bajar la inflamación. Y por la tarde la mitad de nosotros parecemos robocops paseando por la ciudad... Es para vernos.
Y la entrada a León es un horror. No ya sólo porque hay que atravesar un polígono industrial feísimo (¿¡hay alguno bonito?!) sino porque además tienes que cruzar a pelo la autovía (dos carriles por sentido, glups) y luego andar como 500 metros por la cuneta. Gráficamente: dos carriles de coches pasando a toda pastilla, mini-arcén (pero mini, mini), quitamiedos y nosotras, en la cuneta de esas en forma de V. Cada vez que pasaba un coche pensa "este es el que se sale de la carretera y nos lleva por delante"... Y desde que empiezas a entrar en León, que dices "ya estoy, por fin", hasta que llegas al albergue se te hace eterno. Menos mal que sólo han sido 18 kilómetros...
Pero bueno, las cervecitas y la charleta de la tarde han compensado todo con creces. Ha sido un poco triste, porque era una mini-despedida por el momento. Greta y Susana se quedan un día más en León para conocer la ciudad y descansar. De todas formas, creemos que llegaremos más o menos el mismo día a Santiago, así que nos veremos allí de nuevo y podremos celebrar que hemos llegado.

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