Miércoles, 11 junio. Boadilla del Camino-Carrión de los Condes, 24,9 kms
Vamos a redefinir el concepto ahí. ¿Qué significa que un pueblo está ahí? Pues ahí, ¿verdad?. Un sitio donde puedes llegar en 5 ó 10 minutos andando. Pues en terminología caminera, o en plena meseta castellana (recién iniciada, hay que matizar), ese ahí puede convertirse en 4, 6 ó 10 kilómetros. Qué difícil es calcular la distancia que falta a un campanario cuando no hay ninguna referencia más en el camino. Y, según dicen, esto no ha hecho más que empezar.
Muy chula la cena de ayer. Acabamos de nuevo en el otro albergue y nos sentaron a la mesa con otras tres chicas. De Orio. Enseguida se unieron también un señor catalán y otro suizo, y al de nada los chicos que llevan el albergue, Edu y Hugo. Edu, además, está (o estaba, hasta ahí no llegó lo que pude entender) con una brasileña, así que para qué quieres más. Nos sacaron casi lo que quisieron para cenar, el señor suizo nos invitó a un chupito, historietas por ahí, historietas para allá (sobre todo en torno a los días que tenemos cada uno de vacaciones; el suizo sólo trabaja cuatro meses al año...)... Lo dicho, una cena muy agradable.
Llevo toda la mañana repitiéndome la pena que me da no haber empezado el camino en Roncesvalles. Sí, ya sé que sólo son 250 kilómetros más, que lo puede hacer otro año... Pero me da mucha pena no haberlo hecho entero (es decir, si llego). Supongo que demuestra bastante bien cómo me encuentro. Por el momento, al menos. Agujetas, 0. Ampollas, 0. Sobrecargas musculares, 0. Sólo los últimos kilómetros de la etapa empiezado a notar doloridos los pies y se me carga ligeramente un músculo que debemos tener a la altura de la cadera. Sólo el lado derecho. Y esta mañana me tiraban un poco los gemelos, pero sólo hasta empezar a andar.
Aquí el que menos veces ha hecho el camino lo ha recorrido la friolera de veinte. Vamos a clasificar los peregrinos en dos, los novatos y los repetidores. Los novatos, la primera vez que lo hacemos, mayoritariamente desde Burgos y otros que van haciendo varias etapas cada año. Y los repetidores, como digo al menos por vigésima vez. Y en sus múltiples variedades; el francés, el de la costa, el primitivo, el portugués... Para todo los gustos. El catalán que cenó anoche con nosotras y con el que he venido andando hoy gran parte del camino es la tercera vez que lo hace. Una vez parando en unos pueblos, otras en otros, la primera en varias tandas... En unos durmiendo en lo alto de un campanario, en otros con cena comunitaria. Y yo sin poder quitarme de la cabeza por qué no habré empezado en Roncesvalles. En fin, otra vez será...
Hoy ha sido el primer día en que no hemos tenido que sacar la capa de la mochila. ¡Bien! Y llevamos toda la tarde buscando el sol como lagartijas. Incluso ahora escribo sentada al sol. Después de tantos días de frío y lluvia, se agradece.
El albergue en el que estamos lo llevan unas monjitas la mar de simpáticas. Hay que quitarse las botas y dejar los bastones en la entrada, así que hay una imagen bastante curiosa de decenas y decenas de botas metidas en baldas. Tiene también cocina, así que hemos ido al super, hecho acopio y nos hemos preparado unos macarrones que no te menees. Pedro, Tammy y yo. Nos hemos puesto las botas. A última hora, además, porque entre que para las nueve y media ya estamos todos en la cama y el horario europeo que lleva todo el mundo (la mayoría de la gente es extranjera), para cuando nos hemos puesto a cenar ya sólo quedábamos un matrimonio de Sevilla, otro de Valencia y otros tres señores que no sé de dónde eran, pero españoles en cualquier caso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario