Martes, 10 junio. Hontanas-Boadilla del Camino, 29,2 kms
¿No lo dije? Mis camisetas no se han secado. Ni mi camiseta, ni mis mudas. Ha debido de llover durante la noche (he dormido con la manta, que frío, pero he sudado y todo!!!) pero ahora aguanta, así que empezamos a andar sin capa ni nada (casi las 7). Ilusas; al de ni dos kilómetros tenemos que parar, quita mochila, abre mochila, saca capa, ponte capa. No sé cómo va a terminar la ropa que llevo colgada de la mochila (enana, sin molinillo!!). En este camino todo el mundo tiene algo que contar; en el bar donde paramos a desayunar, en Castrojeriz, el dueño del bar se hace llamar "El cónsul brasileño" y estuvo viviendo en Sondika y Astrabudua. Así que tema de conversación para las dos: palabritas en brasileño para Tammy y en euskera para mí. Enorme cancarro de café oscuro y pan tostado con mermelada. Mmmmmmmh...
Llegamos hasta Boadilla. Más por obligación que por otra cosa. Desde Carrión de los Condes al siguiente albergue hay 17 kilómetros, así que hay o 19 a Carrión o 36 al siguiente, demasiados sin tener un sitio donde dormir en los últimos kilómetros.
Así que parada y fonda en Boadilla. Nos hemos quedado en el albergue municipal. Vamos a dejarlo en austero; un barracón con varias literas, una cortina en la puerta y la puerta sin cerrar. Dos baños y dos duchas. Por no haber, no está ni la hospitalera, por lo menos a la hora que llegamos. Y únicamente dormidos aquí una señora francesa que camina con vaqueros, Tammy y yo. Al menos, pillamos camas bajas.
A comer hemos venido a otro albergue que se llama En el camino y está genial. Tiene entre el edificio de las habitaciones y el restaurante hay un jardincito con piscina y todo, qué pena que haga taaaaaaaaaaaaaaaaaanto frío y aún esté cerrada. El grupo de irlandeses que nos persigue en autobús ha parado aquí a (iba a decir a comer, pero en honor a la verdad debería decir) beber. Y se han puesto a cantar. Primero a tocar, un clarinete y una guitarra. Pero las cervezas han empezado a hacer efecto y se han ido uniendo algunas chicas. Deben ser las famosas canciones irlandesas, que todo buen compatriota que se precie debe entoncar cuanto está lejos de su pequeña isla. Se lo han pasado en grande (aunque ahora entiendo por qué no para de llover) y ha sido bien bonito.
Por primera vez en lo que llevamos de camino me he podido quitar el polar. Han sido solo 20 minutos, pero qué gozada. Y ahora, ya por la tarde, hasta me he atrevido a dejar la ropa colgada fuera. Aunque hace una tarde rara, tan pronto sale el sol como cae cuatro gotas.
Por cierto, el Pisuerga no sólo pasa por Valladolid. También por Palencia; de hecho, marca la frontera con Burgos. ¡Ya estamos en Castilla!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario